Contarte



Contarte. Qué puedo contarte. Te lo he dicho tantas veces, en tantos lugares, en tantos momentos, que es probable que no haga falta que te lo diga. Pero sí. Esas dos palabras escondían recuerdos inolvidables, promesas que querían -y debían- cumplirse, sonrisas mutuas y miles de besos regalados, de esos que nunca quieres que se acaben. Esas dos palabras quedaron grabadas a fuego dentro de mí y sería capaz de recitarte todas y cada una de las veces que se dijeron y miramos al infinito sintiéndonos los reyes del mundo.

Contarte. Qué puedo contarte. Que me resulta muy fácil escribirte. Y me extraña. No porque no pueda o no quiera sino porque realmente no existen palabras que puedan definir aquello que vivimos y es que nadie se puede imaginar lo que eres, lo que soy, lo que fuimos. Nadie. Y mis dedos se mueven solos por este teclado al recordarte. Como si supieran el camino de memoria, al igual que cuando recorría los diferentes puntos de tu espalda mientras moría la noche con tu respiración golpeando mi cuello.

Contarte. Qué puedo contarte. Que yo siempre preferí decírtelo a besos que a versos y aunque pudiera escribirte los más bonitos esta noche, nunca podrían competir con la belleza de tu sonrisa y esa pequeña arruga que te sale en el filo de los ojos cuando sonríes que tan loco me vuelve.

Contarte. Qué puedo contarte. Que podría recitarte que 'Érase una vez' pero que fuiste, fuimos tantas veces que no podría quedarme con una sola. Que tenemos mil historias de amor pero que creo que la mejor es aquella que todavía no hemos vivido. Que nuestras fotos, nuestros mensajes no tienen todavía un 'Colorín, colorado' sino muchos más sueños por cumplir y muchos besos por regalar(nos).

Contarte. Qué puedo contarte. Que eres el "para siempre" mejor pronunciado y el menos esperado. Que eres el "tú" con más sentido. Que el universo se redujo a tu sonrisa y en mis ganas de verla cada mañana al despertar. Que mi momento favorito del día era siempre ése que llevaba tu nombre y apellidos.

Contarte. Qué puedo contarte. Que a veces me acuesto en mi cama y cierro los ojos y me pongo a imaginar que te tengo a mi lado y me pregunto con qué fuerza tendría que abrazarte durante toda la noche para convencerte de que tu sitio está ahí, amaneciendo entre mis brazos. Ahí. Justo ahí. Donde nada ni nadie pasa. En ese pequeño refugio que te sirve para huir del mundo y que te sientas en casa.

Contarte. Qué puedo contarte. Que me resulta curioso querer convencerte de que tu sitio está en mí sin plantearme si no es el mío el que está en ti o quizá sea el de los dos. Yo ya no sé. Que es en tus abrazos, esos que me das por la espalda, donde quiero quedarme a vivir. Y es entonces, mientras imagino todo eso, que me elevo. Viajo, no sé si en el tiempo o en el espacio pero te veo ahí. A ti y a mí. A los dos. Viviendo todos esos ojalás que terminaron por cumplirse.

Contarte. Qué puedo contarte. Que quizá un día miremos atrás y volvamos a leer esto, sentados el uno junto al otro. Al acabar, tú sonreirás y marcarás esa arruga de tus ojos, ahora ya acompañada de otras tantas, y lo harás emocionada. Te acercarás a mí, me agarrarás la carita con tus manos y me darás un beso. Y de nuevo, volverás a decirme esas dos palabras. Y yo te diré que qué puedo contarte, si desde que llegaste aquella mañana a mi vida yo sólo quiero que me quieras. Sólo quiero quererte. Sólo quiero que nos queramos. Y que le jodan al mundo.

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